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El número de mujeres en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35 ha llegado a 59 en 2011, frente a las 54 que había el año anterior. Con ello, el porcentaje de presencia femenina está en el 11,5%, ligeramente por encima del 10,8% de 2010. Estos datos, que a priori  podrían parecer positivos, se consideran “muy malos”, según el último informe presentado por Add Talentia. “El avance es mínimo”, apunta Luzma Piqueres, portavoz de Add Talentia.

“En los últimos cuatro años, se ha producido una treintena de nombramientos, cuando eran  necesarios unos 90”, apunta. Además, todavía hay cuatro empresas del Ibex 35 (Endesa, Técnicas Reunidas, Gas Natural y Sacyr) que no tienen ninguna mujer en sus consejos. La más avanzada es Acciona, con un 30,8% de representación femenina en su Consejo. El ligero avance de 2011 tiene  mucho que ver con la salida del Ibex 35 de Iberdrola Renovables y Banesto, que no tenían ninguna representación femenina, y la entrada de Bankia y Amadeus, con dos y una mujeres, respectivamente. Con estos datos y al ritmo de evolución actual “no se conseguirá una representación femenina del 50% en los consejos de administración hasta 2032”, apunta el informe.

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Hoy me apetece destacar la imagen de la diputada europea Licia Rondulli. Sin ningún pudor se presentó en el Parlamento Europeo con su bebé, Victoria, de pocas semanas.

No sé si alguien le obligaba a estar en su trabajo ante todo o lo hizo simplemente porque le dio la gana. No me importa. Pero cuando vi esta foto, vi plasmada en imagen uno de mis argumentos. Siempre lo digo, ante las exigencias del trabajo que no tienen en cuenta la conciliación las mujeres debería sacar sus hijos a la calle, las oficinas, a las recepciones y comidas de negocio. Así sin más. En lugar de sufrir por con quién los han dejado, quién los va a cuidar o como estará. Que sufra el que convocó el ‘evento’ fuera de hora. Seguro que la próxima ocasión, se lo pensaba dos veces.

Si lo hace una sola, el despido es casi fulminante. Pero y si lo hacen todas?

Hace sólo unos pocos días, el 26 de agosto, se celebró el 90 aniversario de la aprobación del derecho de voto de las mujeres estadounidenses. La repercusión mediática del evento ha sido bastante escasa en general y mínima (por no decir nula) en la prensa española. La teoría podría justificar que cuando los eventos no tienen repercusión es que no son importantes.

Esa falta de interés podría tener dos justificaciones. Una, que el tema está superado y no hace falta hablar de él. Dos, no le interesa a nadie. Es decir, no está en la agenda. Me temo que la segunda gana por goleada. Como decía la revista Forbes en su crónica sobre el aniversario, la celebración tiene connotaciones agridulces.  Por un lado, demuestra todo el la recompensa del esfuerzo que hicieron que mujeres como Elizabeth Cady Stanto. Por otro, analizando la sociedad del siglo XXI se observa que aquella igualdad que reivindicaron las participantes de la Convención de las cataratas Senea allá por 1848 está todavía muy lejos.

En 2010, la mujeres representan la mitad de la fuerza laboral y tienen más formación, pero apenas el 3% de ellas ha conseguido un puesto directivo. Millones de razones podrían explicar estas diferencias y estas barreras. Una de ellas, tal vez una de las más importantes, es que la estructura vital de nuestra sociedad lo impide. El mundo todavía está montado para que sean las mujeres las que resuelvan las tareas de cuidado y crianza de la prole y los ancianos. El déficit de escuelas infantiles y clínicas de días es una vergüenza en países como España que nadie reivindica, ni en época electoral. Mientras esto no cambie, las mujeres seguirán teniendo problemas de conciencia y de tiempo para decidir si se dedican a su familia o a su trabajo. Y algunos hombres, cada día más, también.

Todo eso queda por reivindicar. O por lucharlo y, no parece que los hombres tengan muchas de liderar esa batalla. Así que vamos a tener que tomar nota de las mujeres de 1848. Llevamos demasiado tiempo paradas.

La reportera que dio la vuelta al mundo en 72 días y pulverizó el récord literario de Julio Verne

12/02/2010 por: David González Torres

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La periodista Nellie Bly llega en 1889 a París y se reúne con Julio Verne en la casa del escritor francés. Durante su encuentro, Bly le explica al novelista que quiere batir la plusmarca que él mismo trazó en su novela “La vuelta al mundo en 80 días”. Verne y Bly tienen una tensa conversación sobre si la reportera estadounidense –una mujer sola y sin la sempiterna protección masculina, en pleno siglo XIX- culminará o no su proeza.

Verne se interesa por el itinerario. La periodista le responde que partió el 14 de noviembre de 1889 del muelle de Hoboken (Nueva Jersey) en un barco rumbo a Europa y que luego viajará a ciudades como Suez, Adén, Singapur, Hong Kong o Yokohama, para regresar de nuevo, vía San Francisco, a Nueva York. Todo, en menos de 80 días.

El escritor, con cierta ironía, tal vez, le pregunta que por qué no hace parada en Bombay, como así lo hizo su personaje Phileas Fogg en su vuelta al mundo literaria. Bly, con cierto enfado, le contesta que prefiere ahorrar tiempo en su periplo que “salvar a una joven viuda” (en relación al personaje femenino de Aouida en la novela). Verne, con sorna, le corrige y le dice que quizás pueda salvar “a algún joven viudo” antes de su regreso a Estados Unidos.

“Sonreí, condescendiente, como siempre hacen las mujeres solteras y sin compromiso ante este tipo de insinuaciones”, relataría Bly, posteriormente, en sus cuadernos de viaje.

Esta es una de las escenas que se recogen en “La vuelta a mundo en 72 días”, un libro que Ediciones Buck publica este mes de febrero y que rescata la personalidad y las travesías transoceánicas de esta reportera. La historia de su aventura alrededor del mundo comienza unos meses antes.

Elizabeth Jane Cochran (Pensilvania; 1864 – Nueva York; 1922) es la predecesora del denominado periodismo encubierto. Firma con el seudónimo de Nellie Bly, con el que se ha labrado una reputación (y bastantes problemas con los anunciantes) por su defensa de los derechos civiles y laborales de las mujeres. Después de despedirse del “Pittsburgh Dispatch”, recala en el diario amarillista “The New York World”, del que era propietario el mismísimo Joseph Pulitzer.

Es cuando Bly llega al culmen de su carrera periodística, gracias “Diez días en un manicomio”, las crónicas de su incursión en un siquiátrico para mujeres donde se interna y narra en primera persona la dureza de estos centros.
Poco después, el éxito en Estados Unidos de la novela de Julio Verne, “La vuelta al mundo en 80 días”, le da una idea.

Tras una noche de bloqueo ante un papel en blanco, a la mañana siguiente, Bly le propone a su redactor jefe que un reportero haga el recorrido literario de Verne para demostrar que la realidad puede superar a la ficción. En un tira y afloja con su jefe, ella pide afrontar el reto por sí misma. “The New York Word” acepta.

Bly se pertrecha para la aventura. En una minúscula bolsa de mano logra, con ingenio, acumular  dos gorros de viaje, tres velos, un par de zapatillas, un juego completo de accesorios de tocador, tintero, plumas y lápices, papel de copia, agujas e hilo, una bata, una chaqueta de tenis, una pequeña petaca y un vaso, varias mudas de ropa interior, una amplia reserva de pañuelos y cintas nuevas; y algo sobre lo que se muestra inflexible, según narran sus crónicas: “un tarro de crema hidratante” para los diversos climas del viaje.

En noviembre de 1889, Bly toma el barco rumbo a Europa en un viaje circular de más de 40.000 kilómetros. Comenzaba una carrera contrarreloj para pulverizar el récord de Verne. Era así porque Bly recibió noticias de que otro viajero le pisaba los talones, emulando su aventura.

“Si fracaso, no pienso regresar nunca a Nueva York. Preferiría llegar muerta y victoriosa antes que con retraso”, narraría mientras cruzaba el Pacífico.

Sin embargo, la reportera conquista la hazaña antes que su rival: 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos después, llega a las costas de Estados Unidos y es recibida como heroína nacional en su país. Ha logrado el récord mundial y vencido al personaje masculino de Julio Verne.

Meses más tarde, Bly perdería la plusmarca. Sería el hombre de negocios George Francis Train quien en tan sólo 67 días obtendría un mejor reconocimiento. No obstante, las crónicas de Bly habían servido para demostrar que una mujer sola y sin acompañante podía viajar por diferentes culturas en aquel mundo machista de la época victoriana, y en menos de 80 días.

La aventura no tiene un final feliz como en las novelas rosas. Al contrario. Gracias a Bly, las ventas de “The New York World” aumentan, pero ella no recibe a cambio ninguna gratificación. Se despide del periódico, aunque regresa al periodismo años después. Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, viaja a Europa para cubrir el frente bélico. Aquella guerra también merecía sus crónicas para el World. Pero ésta es otra historia.

We did it!!!

Lo conseguimos!!!!. Con este eufórico titular ha inaugurado el 2010 la revista The Económics.  El reportaje hace un repaso muy optimista por las conquistas de las mujeres en la última década. Han llegado, según la revista, a coutas de poder nunca imaginadas.  “Women’s economic empowerment is arguably the biggest social change of our times.” El poder económico de la mujeres es,sin duda, el mayor cambio social de nuestros tiempos. Efectivamente, las praxágoras han avanzado y mucho, aunque este no es el fin. Lo que queda por delante es mantener y continuar lo conquistado, aunque sea paso a paso y poco a poco. Estamos en el camino.

http://www.economist.com/printedition/displayStory.cfm?Story_ID=15174489

Esta mañana me ha llegado la onda web de que hoy se celebra el día del post.  Y , como no podía ser de otra forma, me he puesto a pensar en mi post con la severa intención de escribirlo y plasmarlo on line.

Porque yo pensar en post, pienso continuamente otra cosa muy distinta es que los materialice en blanco sobre negro y más dificil aún que los cuelgue donde corresponden que parece ser “Mi blog”.

Y hoy que es el día del blog, se me ocurre pensar en cuánta gente tiene blog en la actualidad. Casi sería más fácil contar los que no lo tienen. Aunque de un tiempo a esta parte, quizá porque es verano, cada vez leo con más frecuencia post donde los autore se disculpan avergonzados por su falta de asiduidad y su ausencia ante los lectores.

Lo cual me hace pensar en que quizá este día debería llamarse el de la nueva tiranía. Antes quien llevaba un diario, lo hacía por necesidad personal. Si no escribía no pasaba nada, si escribía frases impertinentes o malas o incluso faltas de ortografía, no pasada nada. Era una conversación entre el diario y el escritor. Si un día no se escribía pues tres después se contaba todo junto y asunto arreglado ¿A quién le importaba?  A nadie, porque de eso se trababa, de que nadie lo viera.

Ahora ocurre todo lo contrario. La llegada de los blogs ha supuesto la puesta en común de los secretos más secretos. Yo todavía alucino con las cosas personales que cuentan alguno en un post. Por porner un ejemplo. Hoy el leído en twitter cómo utiliza uno la vaselina en su relación de pareja. Tampoco es que tipo entre en detalles, pero hombre. Es twitter… ¿Qué tal si dentro de unos días en un reunión de trabajo va y te suelta alguien un comentario de la vaselina? A mi, desde luego no me molaria nada.  Por lo tanto,  me aplico y no cuento mi relación con la vaselina.

Claro que de tanto pensar lo que sí se puede contar y lo que no… resulta que mis post muchas veces se quedan sólo en mi cabeza. Unas veces por aquello del darle vueltas otras porque no tengo fuerzas ni tiempo cuando llego a casa para ponerme a escribir. ( Sí ya sé que según muchos, esto es sólo una excusa, pero lo es).

Lo cierto es que escriba o no, allí que estoy yo dale que te dale al post. Que si escribo que si no. Que si escribo de esto o de lo otro. Que is esto se cuenta que si nó… Y lo único que he conseguido es una nueva exclavitud vital. Más que el día del blog, yo hoy lo bautizaría como el día de la tiranía del post. Porque todos los que tienen un blog se pasan la vida ( labroral y no laboral) pendientes de esa bitácora a la que no pueden descuidar.

A veces me gusta escuchar a un amigo, anti tecnológico que dice, pero es que esas movidas lo único que hacen es complicarte la vida aún más.  Igual tiene razón.

Post no femenimo.

Hace unos días cayó ante mi ojos por casualidad una historia titulada Madison, los puentes de. Estaba publicada en el diario Público en un suplemento de esos que se hacen en verano y que están repletos de historias “frescas” como dicen los periodistas. Como no podía ser de otra forma el título me tajo a la memoria la famosa película de protagonizada por Clint Eastwood y Meryl Streep. En ella se cuenta la historia de una campesina casada se enamora de un fotógrafo que pasa por su rancho, pero finalmente es incapaz de dejar a su familia y seguir al amante.

Esta película ha sido motivo de conversación con muchas mujeres que he conocido a lo largo de mi vida. Algunas, incluso la tienen catalogada en el apartado de mitos, otras no tanto, pero todas hemos suspirado alguna vez por esa estupenda historia de amor. Y, la mayoría, ha recriminado a Francesca no tener la fuerza suficiente para irse tras su amante.

Pues bien. Clara Obligado,que así se llama la autora del relato Madison, los puentes de. Decidió contarnos el resto de la historia. De la mujer que embrujada por el amante decide seguirle. El relato merece la pena así que lo linko a este post.

No hace falta decir, que está lejos de la idea que todas hemos soñado alguna vez y no termina en fueron felices y comieron perdices. Porque en el fondo la vida no es tal fácil, y la mentalidad femenina mucho menos. Está claro que si,Clint Eastwood, que también era el director de Los puentes de Madison hubiera añadido unos metros más a su película, ésta nunca hubiera sido catalogada como mítica. Si a los amantes les hubiera ido bien, hubiéramos dicho que era un pastelón, y si nos hubiera contado el final de la historia que todas hemos imaginado para Francesca, nadie hubiera soñado en escaparse con ningún amante.

Eastwood cortó en el momento justo para que la imaginación de las mujeres pudiera permitirse el lujo de soñar. Pero la realidad es que somos inconformistas. Nunca estamos contentas. Quienes tienen hijos siempre guardan en un rincón de su corazón cierto resentimiento por haber tenido que sacrificar parte de su carrera. Las que apostaron por la carrera profesional, esconden esos momentos malos en la soledad de la habitación en los que se preguntan si mereció la pena el sacrificio. Las que quedaron en casa con el marido como Francesca pasarán el resto de su vida suspirando por lo que pudo ser y no fue. Las que se fueron con el amante como la protagonista de relato de Clara Obligado.

Páginas de Madison, los puentes de